El otro día le preguntaron si ella quería marcar un estilo. Que claro para ella eso de no tener pareja ni nada (el “ni nada” se le quedó retumbando en la cabeza como un dolor tenue y ensombrecido) era muy fácil, porque claro como ella no iba de ese rollo (sin embargo el “ese rollo” se le quedó retumbando en el estómago, entre el piercing que no lleva y las bragas que son tanga). En ese momento no se preguntó de qué iban con eso de marcar estilo o su rollo y esas cosas. Le quedó ahí rebotando como pelota de ping-pong y haciendo algo de ruido, nada más. Esta mañana vio el rompecabezas al completo: “la mujer del siglo veintiuno no busca un hombre, no busca una pareja; la mujer del siglo veintiuno no busca nada ni a nadie” y otra gran cantidad de cosas así como que la nueva mujer es libre, es batallante, que nadie la calla, que es liberal, suelta, desenfadada. En el metro iban las mismas mujeres de todos los días.
doce
07.09
El otro día le preguntaron si ella quería marcar un estilo. Que claro para ella eso de no tener pareja ni nada (el “ni nada” se le quedó retumbando en la cabeza como un dolor tenue y ensombrecido) era muy fácil, porque claro como ella no iba de ese rollo (sin embargo el “ese rollo” se le quedó retumbando en el estómago, entre el piercing que no lleva y las bragas que son tanga). En ese momento no se preguntó de qué iban con eso de marcar estilo o su rollo y esas cosas. Le quedó ahí rebotando como pelota de ping-pong y haciendo algo de ruido, nada más. Esta mañana vio el rompecabezas al completo: “la mujer del siglo veintiuno no busca un hombre, no busca una pareja; la mujer del siglo veintiuno no busca nada ni a nadie” y otra gran cantidad de cosas así como que la nueva mujer es libre, es batallante, que nadie la calla, que es liberal, suelta, desenfadada. En el metro iban las mismas mujeres de todos los días.
once
05.15
De pequeña jugó con muñecas, al cuarto oscuro, a usar los tacones de la abuela cuando ella no miraba, a maquillarse a lo Marilin Monroe con el polvo blanqueador de su mamá, mismo polvo que utilizaría luego cuando el cuerpo encendido le quedara rojo como la manzana que Eva mordió pero que ella siempre se quedaba con las ganas, no sea que un desalmado le robara la juventud antes de tiempo. Igualmente antes del tiempo promedio para las chicas de su edad fue. En la playa pero sin estrellas de colores ni luna como velador, ni a la orilla del mar, ni debajo de un árbol. Más bien entre los arbustos mientras los compañeros de clase hacían una fogata y se pasaban la litrona de cerveza o de cocacola con ron o whiskey. Con las carcajadas de fondo de unos queridísimos borrachos ella decidió llevar de la mano al chico que la tenía loca desde los doce años y susurrarle a trompicones la intención de una frase que de antemano ella sabía que no saldría de su lengua emborrachada. Después le cogió la mano y jugó al chupachups con su dedo índice y, tal y como le había contado una amiga unos largos años más grande que ella, llevó ese dedo que estaba húmedo de saliva y sudor al corazón del centro de su cuerpo. Estaba preparada para que le doliera, molestara al menos, estaba preparada para apretar los dientes y fruncir un poco el seño, estaba incluso preparada para aguantarse el grito, estaba preparada para todo menos para eso: él empezó a jugar al gallito ciego y ella empapó sus bragas. Cerró los ojos, apretó los dientes, frunció el seño y se soltó a llorar mientras llevaba sus manos a la entrepierna como intentando detener lo inevitable, y él como si hubiera querido ayudarla, consolarla, conformarla llevó también sus manos junto a las de ella y apretó fuerte y más fuerte hizo ella que apretara. Y apretaron fuerte juntos los dos y de tanto apretar fuerte a ella se le escapó un gemido al mismo tiempo que a él se le escapa de entre sus propias piernas un bulto con vida propia que antes de que los dos se dieran cuenta ya estaba apretando con fuerza y más fuerza contra ella, haciendo ahora sí, el tapón que hacía falta hacer. Se levantó las bragas, se acomodó el pelo y se fue caminando tan tranquila hacia la fogata, dispuesta a terminarse hasta el último calimocho.
diez
04.30
No se toma el metro en Arguelles decide caminar con su cara de cumpleaños feliz un rato. Camina como desvariando y pasa por el Corte Inglés sin pensar en lo pija que es la gente que compra allí. Camina y camina y de a poco se va sintiendo ella misma cada más Princesa y de tanto caminar termina en Gran Vía, dentro de el dichoso Corte Inglés comprándose un hidratante de labios con brillo de Christian Dior y no es hasta que sale del sitio y se da cuenta que está lloviendo y que no tiene paraguas y que se acaba de gastar su patrimonio para el resto del mes que se da cuenta que más que pija es arribista y que mejor va a cambiarlo. Y casi lo hace pero la bolsita en que se lo guardaron es tan chula y tarde que temprano ella se merecía un gasto así y tal vez no se lo queda ella y se lo regala a su amiga para su cumpleaños o tal vez lo guarda para usarlo el primer día en su nuevo trabajo o tal vez no tiene ni idea pero lo único claro es que no lo quiere devolver y piensa que para algo está soltera y que para algo su dinero es sólo suyo y que para algo no tiene que rendirle cuentas a nadie y que mucho le cuesta ganárselo y que listo se lo queda y lo usa en ese mismo momento. Guarda la bolsita con el labial en su bolso y le dan unas ganas terribles de que ya fuera fin de temporada para poderse comprar un bolso nuevo a juego con un par de zapatos pero se ríe y ahora sí que ya estuvo bueno y mejor me voy para casa. Ya en su casa llama a Martín o a Julián o Francisco o Luis, que da igual llama a algún tío que la invite a cenar, que justifique esa noche poder estrenar el dichoso lápiz labial.
nueve
04.07
Va la baño se hecha un pis y se hecha, también, agua en la cara. No entiende nada. En vez de darle un subidón de euforia piensa que cuánto tiempo ha perdido y que tal vez si se hubiera plantado en sus trece hace cinco años atrás ya se hubiera comprado el coche, o pagado un viaje a Londres. De todas formas tampoco está tan mal para ser un miércoles. Y ahora sí ya le da el subidón. Va hasta su sitio coge su móvil y se va a la calle. Y antes de llamar a nadie decide mejor volver y publicarlo en mayúsculas en su muro de Facebook. Pero justo cuando estaba por darle el Compartir se acuerda de un tío al que despidieron por poner en su Muro que se había quedado en casa haciendo el idiota en vez de haber ido a trabajar. Así que nada sólo puso algo así como que vaya sitio más cojonudo en el que trabajo que me han dado un puesto que no veas. Se quedó contenta y revisando su mail cada dos minutos.
ocho
03.22
A ella no le importa que su jefe la llame cien veces a su oficina y le de la charla sobre cómo tiene o no que hacer las cosas. Entiende que ese es su trabajo y que para eso le pagan a él, así como a ella con lo que le pagan no pueden pretender que haga todo lo que su jefe le dice y menos hacerlo de la forma que él quiere. Aguanta vara y hace el teatro. A veces él pareciera que se cabrea en serio e incluso alguna vez la ha amenazado con despedirla. Qué más quiero que irme de este curro, que tampoco es que sea un curro de mierda pero en que en menos de una semana me consigo otro más pero con un dinero en el bolsillo para no pasarlo mal. En el fondo igual sí que le dio algo de miedo. Obvio que eso no se lo iba a decir a sus amigas y menos aún a su familia. Bastante ya tenía con que para la edad que tenía ya bien podría estar haciendo otra cosa. Ella también a veces lo piensa. Pero tampoco tiene muy claro qué otra cosa podría hacer. Está en la oficina del señor jefe y según se va poniendo la conversación se da cuenta que acerca un poco más su barbilla al pecho y dice vale sí ya mismo lo hago y cambio de actitud pero por favor se lo pido déme otra oportunidad o también podría sorrajarle lo que le sorrajó. Pues si usted quiere me despide, pero hágalo de una puta vez porque esto de hacerme perder el tiempo tres veces por semana sólo para verme mi cara bonita ya me está cansando, entonces qué, paso mañana a cobrar mi finiquito o nos dejamos de gillipolleces de una vez? Está temblando. No sabe de dónde sacó tanta mala palabra junta, ni de dónde sacó la tontería para decir semejante cosa y no sabe de dónde va a sacar el dinero para pagar la renta el mes que viene porque claro está que con la edad que tiene y la experiencia y la formación que tiene lo único que tiene es que está bien jodida.
siete
03.02
Qué pocas ganas tiene hoy de empezar el día. Bañarse, lavarse los dientes, enjabonarse. En las últimas semanas ha cogido peso y aunque se acaba de ir a depilar y eso siempre ayuda, la verdad es que pensar en pasarse la esponja por el cuerpo le da un poco de sensación de repulsa. Hoy se tiene que echar un polvo, lo sabe, sólo así se le quitara el asco del cuerpo. Se levanta, igual se tiene que levantar. Es miércoles. Revisa la agenda mental mientras se pasa el jabón sin ganas. Sin ganas y con menos ganas piensa que al mal paso darle prisa y cambia la esponja por la mano y se lava la entrepierna como si estuviera tan sucia como su voluntad y cuando coge el mango de la ducha para que el agua caiga contra gravedad termina con el ánimo, las ganas, la voluntad y la entrepierna más limpias que las manos que no se sostienen de la cruz en la iglesia a la que nunca va.
SEIS
02.26
A ella no le importa no tener pareja y aunque le gustaría no ser siempre el número impar le supera el miedo de tener que compartir sus intimidades. No entiende cómo se va al baño cuando el otro duerme en la cama, no entiende cómo pasar 24 horas seguidas teniendo que controlar su cuerpo. A veces el asco que le produce tener que imaginar escuchar al otro cepillarse los dientes y hacer gárgaras con el agua antes de escupirla le produce un asco tal que siente arcadas. Y eso también es ser pareja.
Los dientes y las uñas. Esas diez uñas. Hay ruidos que no soporta. Las carcajadas. Las carcajadas no las aguanta, al típico borracho que se ríe desmedidamente. Se aturde. Se aturde y a parte lo considera una falta de respeto y pocas cosas le molestan más en la vida que las faltas de respeto. El poco civismo de la gente. La gente que camina bajo los techos que sobresalen los días de lluvia y con los paraguas abiertos, la gente que se enciende los cigarros en las escaleras del metro, que nos capaces de esperar a estar realmente fuera. Quien se suena la nariz en la mesa. Le molesta la humanidad. Le molesta el olor a pedo, a sudor, a alcohol, a tabaco, a perfume barato. Le molesta escuchar a sus vecinos y más le molesta pensar que su vecino de abajo escucha cada vez que vacía la cisterna del váter. Le molestan los niños que corren en los pasillos, los niños que lloran en un restaurante, si no saben comportarse que no vayan a sitios que no son para su edad. Le molestan los padres primerizos que aprovechan cada vez que están encerrados en dos metros cuadrados para sonreír a todo aquél que se encuentra a su alrededor y hacer caroñas con sus hijos. No soporta los lugares comunes, las risas forzadas, la cordialidad innecesaria, la falta de estilo. Está harta de ser un ser social, pero no lo sabe.
cinco
02.18
No suele ir a Museos ni a Exposiciones ni a charlas sobre la igualdad de la mujer, o los derechos del niño, pero sí que va al cine. No se hace mucha historia sobre si va sola o con un amigo o con una amiga. Va al cine y punto. A veces compra palomitas y a veces no, a veces se lleva sus propios chocolates y a veces sólo toma agua. Le gustan las películas normales, ni de mucha acción, ni de mucha lágrima. Igual ve muchas. No siempre en el cine. Una vez tuvo la fantástica idea de invitar a los hijos de una amiga para ir a ver una peli infantil. Como que a cierta edad si vas sola a ver una de Walt Disney casi que te miran como si fueras pedofilo o una pobre que acaba de perder a su crío, así que para evitar las miraditas y porque los críos estos le caen bien se los llevó al cine. Lo que no sabía mientras compraba las entradas y los chocolates y las palomitas, era la charla que tendría que escuchar después, ni que sería la última vez que llevaría a cualquier niño al cine y la última vez que los vería. Su amiga le vino con la historia de moda de los últimos meses sobre que siente cabeza, que si el reloj biológico y toda la cuestión sobre la perpetuación de la especie. Ella le contestó en el mismo tenor sobre su falta de engranaje en las agujas del reloj, porque ni tic ni tac escuchaba y sobre que si para ser mujer había que saber hacer potitos pues que ya iba jodida seguro porque para ella la sección de potitos del supermercado era mismo que para su amiga la sección de congelados, alguna vez su amiga compraba helados para sus hijos y ella alguna vez compró puré de manzana para tirárselo en el cuerpo. Eso sí, cuando volvió a casa volvió a mirar su acta de nacimiento que seguía diciendo lo mismo que hacía veinte años atrás cuando volvió de la playa, mujer nacida de mujer.
cuatro
02.04
Ella que es mujer nacida de mujer no se siente más mujer por follar toda la noche ni menos mujer por no tener hijos, pero pareciese que ha medida que cumple años tiene que posicionarse en alguno de estos dos puntos. Ella, tan tranquila. Obviamente todos la posicionan, algunas la ven como más mujer por tener la edad que tiene y no estar ni con hijos ni casadas, y otras como una niñata justo por lo mismo. Pero ella no piensa ni en A ni B pero ni la ve ni le viene que los demás hagan sus apuestas, entre otras cosas como que si es lesbiana o no y que cómo puede ser que esté soltera. La verdad es que ella nunca se lo había siquiera planteado, pero de un tiempo a esta parte y con su cumpleaños a la vuelta de la esquina pareciera que se lo debería plantear. De repente el otro día estaba tan tranquila en una cafetería mirando y volviendo a mirar unas cosas que se acaba de comprar y se le acercan dos chicas, una de ellas es una compañera de trabajo, nada más y le dice a la otra, ves esta es de las nuestras, y se sientan a la mesa con ella. Y ellas hablan y dicen que si la puta sociedad de los cojones que las tienen que encasillar, que si están hasta las bolas que qué carajo le importa al resto de los mortales que si ellas van por libre o no, que si ellas cambian de marido como de calzón y que si no sabe qué más porque en algún momento de la charla ella sólo empezó a decir que sí y y que no cuando se daba cuenta que hacía falta su intervención. Y que tampoco es que nos la vivamos de fiesta y si sí qué, que es muy nuestra vida, ¿o no? Ella asiente, mientras mira de reojo su bolsita de los chinos y se disculpa diciendo que lo siente pero ha quedado guiñando un ojo y obteniendo el pasaporte seguro para salir de ahí.